En 2° básico la lectura cambia de propósito. Durante 1° el trabajo estaba en descifrar:
reconocer letras, unir sílabas, leer palabras y oraciones cortas. En 2° eso ya está en camino de
resolverse, y aparece la pregunta que va a acompañar al niño el resto de su escolaridad: ¿entendí
lo que leí?
Por eso el material de comprensión lectora en este nivel trabaja con textos breves y completos —una
historia con principio y final, una receta, una nota— y no con oraciones sueltas. El niño necesita
algo que se pueda leer entero para poder responder sobre el conjunto.
Las preguntas de esta edad no se limitan a buscar un dato en el texto. Junto a las de localizar
información aparecen las que piden ordenar los hechos, explicar por qué pasó algo o decir
cómo se siente un personaje. Ese salto —de encontrar a explicar— es lo que distingue la
comprensión de la simple lectura, y es el que más cuesta cuando en casa solo se practica leyendo en
voz alta.
Qué lo diferencia de 3° básico: en 3° los textos se alargan, aparecen la leyenda y el mito, y se
pide relacionar partes distantes del texto. En 2° el foco sigue estando en textos cortos donde toda
la información necesaria está a la vista, y en que el niño aprenda a volver al texto a buscarla en
vez de responder de memoria.